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Paquebot
He visto una mujer hermosa
Sobre el mar del Norte
Todas las aguas eran su cabellera
Y en su mirada vuelta hacia las playas
Un pájaro silbaba
Las olas truenan tan roncas
Que mis cabellos han caído
Recostada sobre la lejanía
Su vientre y su pecho no latían
Sin embargo sus lágrimas vivían
Inclinado sobre mis días
Bajo tres soles
Miraba allá lejos
El paquebot errante que cortó en dos el horizonte
de Poemas árticos, 1918
Poema funerario
El pájaro de lujo ha mudado de
estrella
Aparejad bajo la tempestad de las lágrimas
Vuestro ataúd a vela
Donde se aleja el instrumento del encanto
En las vegetaciones de los recuerdos
Las horas en torno de nosotros hacen sus viajes
Va rápido
Va rápido impulsado por los suspiros
El mar está cargado de naufragios
Y yo he alfombrado el mar para su paso
Así es el viaje primordial y sin pasaje
El viaje instructivo y secreto
En los corredores del viento
Las nubes se apartan para que él pueda pasar
Y las estrellas se encienden para mostrar el camino
Qué buscas en los bolsillos de tu chaqueta
Has perdido la llave
En medio de ese zumbido celeste
Vuelves a encontrar en todas partes tus horas envejecidas
El viento es negro y hay estalactitas en mi voz
Dime Guillermo
Has perdido la llave del infinito
Una estrella impaciente iba a decir que hace frío
La lluvia aguzada comienza a coser la noche
De Automne régulier, 1925

VICENTE HUIDOBRO nació en Santiago de
Chile el 10 de enero de 1893. Desde muy joven mostró una gran inquietud
por la literatura y su origen acomodado le permitió, por un lado, estar en
contacto con las novedades que se iban gestando en Europa, y, por otro,
cultivar su afición a la literatura desde muy pronto. Inició sus estudios
en el colegio que los jesuitas regentaban en su ciudad natal, pero pronto
habría de abandonar voluntariamente el colegio de San Ignacio para no
volver más y volcar todos sus esfuerzos en las tareas literarias: fundó
revistas de poesía, organizó tertulias literarias y empezó a escribir y
publicar sus primeros poemarios. Por entonces, casi un adolescente,
Huidobro no había encontrado una voz poética propia, pero sus ecos lo eran
de las grandes figuras poéticas de finales del siglo XIX y principios del
XX: Gustavo Adolfo Bécquer, Rubén Darío, Apollinaire... De este modo,
cuando en 1916 abandona por primera vez su tierra natal y emprende un
peregrinaje artístico que durará años, Huidobro ya había publicado seis
libros, la mayoría de ellos de poesía: Ecos del alma (1911), La gruta del
silencio (1912), Canciones en la noche (1913), Las pagodas ocultas y
Pasando y pasando, ambos de 1914, y, por último, Adán (1916). |