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El hombre
Hace frío. Lleva un sobretodo gris a la última moda. No podrán decir que
es provinciano, del punto más remoto del país. Subrepticiamente alguien
lo detiene, es mediodía, "los apoyo , no hay duda"- responde con una voz
seca sin mayores preámbulos. El palacio ministerial, ciertas mujeres de
la noche haciendo alarde de sus atributos corporales, el alcohol pesado,
tantas cosas para una sola cabeza. "Los apoyo, los apoyo, sí, sí..."
Los tiempos corren entre gominas y exquisiteces servidas en platos de
oro, él tiene esa dicha mientras los dedos de los pordioseros se
desintegran por no tener sustancia sólida ni nada que se le parezca.
Ante semejante realidad prefiere inmiscuirse entre los de su mismo palo.
Llega al ascensor, la brillantez del cubículo le devuelve una imagen de
hombre de bien siempre consustanciado con la causa del pueblo, además
para eso fue elegido.- Buenos días, doctor- una voz lejana lo toma por
sorpresa. - Qué tal- y levanta una mano para no tener que formar una
oración más larga.
Ya en su despacho puede ir al baño sin miedo a que lo vean y sale como
nuevo. Bravo López!, usted puede!- murmura. Una ola de energía
prefabricada. Es otro .
Acto seguido hace sonar los dedos, sabe que la contractura pronto se
irá. Sabe que a partir de este momento es invencible.
Un rumor exagerado lo hace salir de sus cavilaciones, -quién hace ese
ruido? - le pregunta a María, su secretaria. Ella trata de sacarse de
encima a los intrusos que le solicitan favores, es mejor que su jefe no
se haga problemas, hoy no le vio buen semblante. Por eso con una excusa
instantánea les da cita para un día que no llegará. Pobres ilusos -
piensa mientras le lleva café al capitán del equipo. Gracias, amor,
siempre estás en los detalles, a ver cuando...Y ella queda muda solo
unos segundos porque en esta carrera de poder no puede descuidarse, debe
estar a la altura de las circunstancias y hacer lo que mas le convenga a
sus intereses.- Si- musita suavemente entre un revoloteo feroz de
papeles que esperan ser firmados. Seguramente él no prestó demasiada
atención. Suenan bombos. Los hombres de la limpieza accionan rápidamente
para no dejar rastros. El teléfono fax no cesa de romper paciencias. Una
bomba de estruendo. - Debo firmar todo esto? - se queja mientras observa
toneladas de resoluciones importantes. - En la Sala de reunión lo están
esperando hace mas de media hora. Hay ancianos arrastrando vejez contra
las escalinatas grisáceas. Hay también vallas de contención para que no
se les ocurra atravesar el limite entre la realidad y la historieta.
Quizá solo se trate de una ficción.
El día transcurre atrapado por una velocidad imparable. La mañana quedo
atrás, los restos del almuerzo hacen sonar sus tripas como esperando una
revancha en esa vaciedad que lo tiene a mal traer. De repente los
destellos de la luna aparecen frente a sus ojos. Sonríe al recordar la
cita que le espera luego del acto en la Federación. Su mujer le ha
dejado varios recados en la casilla del celular. La llamará para dejarla
tranquila, no sea cosa que se le ocurra tomarse un avión y aparecer en
la gran capital justo ahora. Seria el fin.
- Los apoyo, los apoyo, los...- dice como un disco rayado frente al
espejo de la habitación del hotel, y se mete en el jacuzzi. Por un
instante recuerda a sus hijos, pero sólo por un instante. Afuera hace
frío. Muchas almas quedan estampadas en la desolación de la noche, el
granizo no admite supervivencia. Pero él ni se da cuenta.
CLAUDIA AINCHIIL es co-fundadora de la Sociedad de Escritores
Inéditos e Independientes. Una ONGs que fomenta la escritura y la
lectura. La escritura, logrando que los inéditos publiquen a bajo costo
y generando espacios en donde puedan vender sus obras; y la lectura,
brindando canales y ámbitos en donde se difunda la literatura. He
publicado cuatro libros: Comienzo de Comienzos en 1981, Son cosas de
Ángeles en 1987, Amores sin Zapatos en 1991 y Remolinos a bordo en 2003.
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