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Julio Cortázar
Alguien que anduvo por aquí
"A mí me cuesta escribir y tengo
muchas limitaciones como el que más. Si algunos de mis libros han
gustado y se leen con amor e interés es gracias a que me han salido bien
por el hecho de jugar a escribir. La literatura, en mi caso, ha sido y
será siempre un ejercicio lúdico. Me apasiona jugar como los chicos y no
tomarme las cosas demasiado en serio. Lo lúdico es una constante de la
mentalidad y la psiquis humanas. Cuando una idea o un pensamiento son
expresados con humor, con ironía, se logra una comunicación más
efectiva. Las novelas tienen que ser escritas con alegría, con humor,
ironía y risas. No hay que ponerse demasiado serio o solemne para
transmitir algo..."
Julio Cortázar, en una de sus últimas entrevista, en 1983.
Hace 20 años perdimos al enormísimo cronopio Julio Cortázar, el autor de
Rayuela y tantas otras novelas, cuentos y textos que no solo marcaron su
tiempo, pero han dejado su impronta en la literatura latino-americana y
universal. El autor que transitaba por los campos del humor, del lúdico,
tenía también su seriedad metafísica, en que lo fantástico no se agotaba
en si mismo.
Cortázar habló mucho más a la juventud de su tiempo que a su generación.
No sabemos actualmente si los jóvenes lo están descubriendo; en Brasil,
despúes de tanto tiempo del así denominado boom de la literatura
latinoamericana, no conseguimos captar referencia al escritor argentino
(bien, como van las cosas no conseguimos captar referencia a casi ningún
escritor, solo al dispensable Paulo Coelho y similares o algún otro
autor de best-sellers).
No sabemos por dónde se debe empezar a leer a Cortázar. Nosotros
empezamos, si el recuerdo no falla, por la traducción brasileña de la
obra del autor que estuvo más a la mano, Historias de cronopios y de
famas (de ahí viene el término y el concepto de cronopio, cuando es
presentado el mundo fantástico de los "famas", ordenados, conformistas,
los "cronopios", alegres, desordenados y espíritus libres, y los
"esperanzas", seguidores).
Rayuela, de 1963, la obra cumbre del cronopio, que en portugués recibió
el título O jogo da amarelinha, el mismo nombre del juego infantil, la
enfrentamos en el idioma original, aunque ya tuviéramos la edición
brasileña.
Hasta ahora no dejamos de leerlo, de revisitarlo, de ver ecos suyos en
otros escritores y de presentir en él rastros de otros, como Samuel
Beckett, que también apreciamos.
De todas maneras, lo fundamental es empezar a leerlo. Quien todavía no
lo haya hecho va a descubrir un mundo propio, de búsqueda de la
autenticidad de la vida; aunque el mismo autor dijera que no pretendía
cambiar el mundo, allá están las indicaciones de caminos, los
desnudamientos de las imposturas, con juegos de lenguaje y
experimentalismo formal, con lo lúdico, la fusión fantástico-realidad,
el tono contestario e iconoclasta -
siempre en sintonía con su tiempo.
Ya se dijo que en la Rayuela se ha aprendido la modernidad en la técnica
de narrar, con sus juegos de armar, su posibilidad no-lineal de lectura,
al mismo tiempo que la modernidad del exiliado, del apátrida, del libre
en la moral y en la política. Maga y Horacio Oliveira continúan por ahí,
extendiendo sus puentes o dándose contra las paredes. "A cuarenta años
de la explosión de ese libro que, con todas sus dificultades de lectura,
(...), resulta indudable casi para todos que su mayor aporte ha sido el
dotar a la escritura literaria de una frescura y un riesgo que la
acercaron a la poesía, alejándola del tono burocrático de la literatura
más cristalizada", escribió recientemente el escritor argentino
Guillermo Saavedra, en el diario La Nación de Buenos Aires, para
completar más adelante: "Rayuela fue, para varias generaciones de
jóvenes, no sólo la iniciación a la literatura, sino también un
catecismo laico, un canon heterodoxo para entender la vida como un arte
fugaz y desesperado, cargado de preguntas sin respuestas, pero también
del consuelo de la música, los libros y la pintura".
Para el periodista y escritor brasileño Reynaldo Damazio, al contrario
de los escritores que volvieron la literatura latino-americana conocida
internacionalmente como la generación del realismo fantástico, y aún que
pertenezca al contexto, la obra de Cortázar está distante del
neo-barroquismo de inspiración lezamesca y no tiene parentesco con
Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes. "Sus textos
circulan en otro código y resultan del cruce de Edgar Alan Poe con Anton
Tchekhov, de Ernest Hemingway con Franz Kafka, de Roberto Arlt con Jorge
Luís Borges.
Será preciso buscar también correspondencias con la poesía de Rimbaud y
Mallarmé, de Lugones y Juarrós, con la ironia patafísica de Alfred
Jarry, con las reflexiones poético-existenciales de Paul Valéry y los
delirios metafísico-lingüísticos de Antonin Artaud."
Octavio Paz alguna vez dijo que Cortázar había cambiado el español para
siempre.
Para culminar en la realidad
Julio Cortázar falleció en París, el 12 de febrero de 1984, despúes de
padecer insidiosa leucemía. Este año cumpliría 90 años, lo que es bueno
imaginar aunque sea como consuelo sentimental.
Nació en Bruselas, Bélgica, el 26 de agosto de 1914, de padres
argentinos, yendo a vivir en Buenos Aires a los cuatro años. Fue
profesor de escuela secundaria, también impartiendo clases en la
Universidad de Medonza.
Sofocado por la vida provinciana y despúes por el peronismo, del cual se
sintió perseguido, fue a vivir a París en 1951, primeramente becado por
el gobierno francés. "De mi país se alejó un escritor para quien la
realidad debía culminar en un libro. En París nació un un hombre para
quien los libros deberán culminar en la realidad", ha dicho en una
entrevista. Trabajó como traductor en la Unesco.
En 1981, en un de los primeros actos del gobierno socialista de François
Miterrand, recibió la nacionalidad francesa. Pero nunca dejó de ser
argentino y siempre escribió en español, con la mayoría de sus historias
pasándose en el país sudamericano. Ya enfermo, viaja a Buenos Aires, a
finales de 1983, para visitar a su madre después de la caída de la
dictadura militar y la asunción del gobierno por el presidente Raúl
Alfonsín. Las autoridades ignoran su presencia, pero la gente lo
reconoce en las calles.
Le gustaba el boxeo, el jazz, decía ser ante todo melómano, de dedicar
más tiempo a oír música que a leer. Deshoras, libro de cuentos de 1982,
es su última publicación en vida. Comenzó la trayectoria brillante en
1938 con el libro de sonetos Presencia, publicado con el seudónimo Julio
Denis. Despúes de su muerte, sus herederos han publicado algunas obras
inéditas, como la novela Divertimento, y su copiosa correspondencia. A
Cortázar le gustaba escribir cartas y mantuvo sendas correspondencias,
tanto con grandes escritores e intelectuales como con gentes de su
círculo más íntimo o ni tanto. Se adaptaría quizás muy bien al correo
electrónico.
Asumió una posición política más explícita cuando en 1961 visitó Cuba:
"Vi que por primera vez yo había estado metido en pleno corazón de un
pueblo que estaba haciendo su revolución, que estaba tratando de buscar
su camino". Desde ese tiempo viene su compromiso con las revoluciones
latinoamericanas, con Cuba y, más tarde, Nicaragua.Viajó varias veces a
Nicaragua para apoyar la revolución sandinista. Donó los derechos de
"Los autonautas de la cosmopista" (1983), escrito en colaboración con su
mujer Carol Dunlop, al sandinismo nicaragüense.
ELSON REZENDE DE
MELLO é jornalista, mestre em Educação e professor na Universidade
Federal de Viçosa. Ele é autor da tese de Mestrado "Encontros e
Desencontros: Relações da Escola com a Televisão", disponível para
consulta na Midiateca. Escreve regularmente na seção Opinião da área
Educadores.
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