
Ilustração: Jose Segrelles Albert |
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Otra lectura de la Berenice
de Poe
Dice Poe: "Cambiante es la desgracia; multiforme la miseria en la
tierra. Como el arco Iris, domina el vasto horizonte con colores tan
variados y al mismo tiempo tan distintos pero íntimamente confundidos,
como los de aquel".
Que melancolía tan honda, tan profundamente arraigada en el alma. Nunca
crecerá con estos colores en espíritu alguno. Su narración Berenice es
una feroz parábola. Para Egaeus solo son reales las sombras, las
obsesiones, los fantasmas. Lo que denominamos real, las formas del
tiempo y el espacio, dadas por los sentidos, son solo objeto de
meditación y extrañamiento.
Cuando Berenice que lo ama, se transforma en fantasma, para Egaeus se
transfiere al campo de lo "real". Pero de Berenice solo destellan sus
marfilineos dientes: la obsesión psicótica de Egaeus pulveriza lo
"real", hasta rebajarlo al destello de aquellos -dientes. Así, cuando en
un acceso de furor demoníaco, - en trance hipnótico - viola tumba y
cadáver, llevara junto a sí los dientes de su amada prima Berenice.
La naturaleza está llena de Dioses decía Heraklito, soplando sobre las
llamas que alumbraban su caverna. Pasad, invitaba a los viajeros, "que
aquí también viven los dioses". En los laboratorios de alta ingeniería
genética, en los bancos de datos, en las formas de comunicación
planetaria que adoptan las formas de comunicación computarizadas, no hay
símbolos ni grafías que recuerden a dioses.
Como en la parábola de Poe, hemos triunfado sobre los sentidos y
convertido a la naturaleza, en los dientes de Berenice. Desciframos
antiguos códigos, desenterramos los misterios de sepultadas culturas,
realizamos milagros en la gramática comparada, en las ciencias del
signo, pero por ningún lado encontramos algo que nos revele que la
tierra sea hoy más que ayer, benévola residencia para aquel que lleno de
méritos desafía la cólera de los dioses.
Entre el habitar y el construir, el abismo se ensancha. Por doquier sin
embargo el saqueo. Egaeus, símbolo del espíritus y de la razón, a
soplado y violentado todos los sepulcros, dejando a su paso solo
ardientes cenizas, como testimonio de ímpetu demoníaco del espíritu que
todo lo inflama.
A las correspondientes diferencias en lucha, se opone hoy al terror de
la homogeneidad y lo indiferenciado, el de la diseminación y lo
fragmentario. Un nuevo orden lucha por aparecer en la tierra, una nueva
forma de dominio que previó Poe en sus alucinaciones poiéticas. La
poesía contra la realización - la desaparición del hombre -,
virtualizado en la historia como espíritu que se sabe a si mismo. La
técnica es el mutante del espíritu vuelto contra sí mismo.
Por todas partes Egaeus ha colonizado, sometido los dientes de la
hermosa Berenice, -símbolo del misterio de la naturaleza- de las
demonícas, sin respetar lo difer-ente, credos, religiones ni razas. A
las crueldades propias de ciertos tribalismos, a agregado la crueldad y
voluptuosidad de la culpa.
Es ésta la hora de Egaeus, es éste su triunfo, la triste hora en que
levanta vuelo - huyendo de sí misma- la fabulosa ave de Minerva. Detrás
de las satánicas argucias del espíritu jurisprudencial, arde el infierno
de un desierto que crece: el obstructor nihilismo al cual aún no hemos
entrado, y del que por lo tanto podremos quizá salir. Este invisible
peligro, abona el de la destrucción total, en pro de las garantías de
paz entre naciones, pueblos y estados, que solo deben producir más, para
alcanzar el blanco desierto del equilibrio prometido. Salir del
laberinto de la historia suprimiendo la historia.
Sofistica del demonio que pide a la teología demuestre la inexistencia
del mal, para mejor promover entre los hombres la esperanza de una
escatología cumplida. Fin no significa cesación. Solo imposibilidad de
ir más allá. Significa planificación de acuerdo al stock de fuerzas de
que dispone el espíritu para hacerse con los últimos depósito de energía
de que dispone el planeta - totalitarismo supremo de la razón-, de un
estado que se dispone a entrar en una penúltima etapa de estabilidad, en
la cual ningún extravio, ningún adviento, ningún acaecimeinto propicio
hablará al hombre en forma de parábola poética.
Egaeus a dejado de lado su noctambúlica actitud melancólica. Desde
sofisticados visores, atento a los últimos síntomas de la locura
religiosa de la técnica, no a podido extirpar de la tierra, en
fantástico reservorio de los mitos que acedian a la razón y jaquean un
nuevo Estado Universal, apuntalado por el inmenso panopotico de la
informática. A pesar de ello, y a plena luz del día, se dispone a lanzar
su última ofensiva para desenterrar de olvidadas catacumbas, los
marfilineos, perfectos, increíbles dientes.
OSCAR PORTELA, nacido en la provincia de Corrientes ( República
Argentina) el 5/13/50, es considerado hoy por las más importantes voces
de la literatura de su país, como una de las más potentes voces de la
poesía y el pensamiento latinoamericano. Administrador Cultural, ha
ocupado importantes funciones en su provincia y ha integrado por dos
periodos consecutivos la Comisión Directiva de la Sociedad de Escritores
de la Argentina. Doce títulos de su obra poética editadas ( Senderos en
el Bosque, Los Nuevos Asilos, Memorial de Corrientes, La Memoria de
Láquesis, etc, y obras ensayísticas en las que se ocupa preferentemente
del pensamiento filosófico contemporáneo, (Nietzsche sonámbulo del día),
le han valido la consideración de importantes pensadores de su país. Ha
publicado en España, México, Venezuela, Paraguay, y casi todos los
medios de prensa de la Argentina. Asimismo es especialista en critica e
historia del cine y es autor de letras de obras musicales en su mayoría
inéditas.
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