Exit

La señora de al lado me pide un cigarro y le digo que no fumo. Se enoja. Esta es la sección de fumadores, me dice. Le explico que del otro lado no había lugar y que me ofrecieron ese asiento. Ahora está indignada. Ella no puede fumar en el sector de no fumadores, pero yo tengo permiso para no fumar en el lugar que es para fumar. El señor de mi derecha dice estar de acuerdo con la señora y le ofrece un cigarro y entonces ambos fumadores compulsivos se olvidan de mí y se enroscan en un debate sobre las reivindicaciones sociales. De la igualdad de espacios públicos el asunto pasa al atraso cambiario, la deuda externa, los exiliados de la dictadura, el holocausto judío, Clark Gable en Lo que el viento se llevó, la juventud está perdida y el aborto. En menos de lo que dura mi disco de Guns N' Roses, ellos se fuman una caja entre los dos. Se fuman todos los cigarros y después se fuman la caja que contenía los cigarros. Cuando se acaba la caja, deshojan la hermosa planta que está sobre la mesa ratona, y también se la fuman. Se fuman las hojas de las revistas sociales, que todavía tienen a Lady Di luciendo un modelito de Armani. Se fuman los documentos que tienen en las manos y los posavasos de cartón. Ahora están en lo mejor de la conversación, así que escondo mis comics. Ella le habla de sus problemas de pareja, él le jura que nunca le haría algo así a una mujer que él amara, pero que nunca amó antes y que cada día que pasa pierde las esperanzas de encontrar a su mujer ideal. Ella le pasa la mano por la espalda y le sugiere seguir con las cortinas. Las cortinas se consumen ahora entre el llanto emocionado de ella y el hombro consolador de él. El tema en discusión: la hipoteca de la casa. Cuando deja de llorar, ella levanta la cabeza buscando algo más para fumar y ve que la moquete está despegada en un rincón de la sala. Me obligan a levantarme y a arroyarla. Ahora fuman el gran habano y discuten sobre la política internacional de Estados Unidos y el aislamiento de Cuba. Saco el disco de Guns de mi discman y pongo otro de The Doors. El humo en la sala solo deja entrever las siluetas de nosotros tres. Pienso, se me ocurre, si prendo lo que me queda de fazo no les va a importar. Pero me equivoco. La señora siente el olor como perro de aduana y se me tira encima. Peleamos, rodamos, me gana. Con el fazo en la mano da una pitada larga y aguanta. De golpe me parece una hippie. El señor le hace una seña para que le convide pero ella se niega y se ríe. Él se incorpora y se pone en posición de ataque. Ahora el tema es la democracia en tiempos de crisis. Ella le dice que nunca fue socialista, él que recuerda haber vivido en un país mejor. La puerta de la sala se abre de golpe. Tranquilos, somos los bomberos. Nos sacan. A mí corriendo, al señor en camilla y a ella riendo.