El ojo de la tormenta

Cuando Héctor le envió la invitación para que lo visitara después de tanto tiempo, pensó que sería algo importante de veras. Una discusión que ya ni se acordaba, los había separado. Supo que se había casado, que se había recibido y tenía un buen pasar. Leandro estaba intrigado, pero a la vez contrariado, ya que tenía que estar al frente de la clase de Historia en la Universidad a la tarde y esta invitación lo había desviado de sus planes. Al penetrar en la sala, un hálito de frío le recorrió el cuerpo, Héctor le sonreía desde el piano, con una hermosa mujer a su lado, quién le ofreció un vaso de whisky.

-¿Recuerdas? -le dijo tocando una vieja melodía que lo trasladó a los años de postgrado. -te presento a mi esposa Celena, Celena, él es Leandro- dijo sin dejar de tocar el piano. 

De pronto, un acceso de tos comenzó a retorcerle el cuerpo, supo entonces por que Héctor lo había llamado, estaba enfermo. Celena era una bellísima y joven mujer, la cual se ocupaba de su esposo en todo momento... pero él no mejoraba, al contrario, empeoraba cada día más. 

Después de unos días recibió una nueva invitación, pero esta vez la noticia era muy distinta, Héctor había desaparecido. Al llegar a la casa, un despliegue policial le obstruyó el paso y tuvo que apelar a la bella Celena, quien le fue explicando la situación; hacía más de 3 días que Héctor había desaparecido. Se desató una lluvia sin precedentes, parecía que el ojo de la tormenta estuviera sobre la casa y Leandro se quedó a pasar la noche. 

Tarde, lo despertó un sonido, como un silbido y al seguir su rastro, lo llevó al sótano de la casa. Las luces se confundían con las sombras, pero lo que vio lo dejó paralizado. Un monstruo alado, con cabeza y pecho de mujer, cuerpo y garras de ave de presa, comía un cadáver, descuartizado, mientras los relámpagos alumbraban la macabra escena.

Salió corriendo llevándose todo por delante y se encerró en su cuarto, no pudo dormir esa noche de tormenta, no pudo dormir y seguía pensando que todo había sido una alucinación, una confusión de sombras que se esfumaría al amanecer. Pero el amanecer trajo la noticia de que el cuerpo de Héctor había sido encontrado a varios kilómetros de distancia de la casa, en un estado deplorable, casi irreconocible. Celena estaba más hermosa que de costumbre, su rostro había adquirido una lozanía inexplicable, como si el tiempo no pasara para ella, joven, joven y hermosa rodeó a Leandro en un abrazo y pudo sentir sus pechos, su perfume, su carne, su olor, misterio, pasión y muerte deambularon en la noche.

-¡Dios!, ¡Que mujer! -dijo Leandro y se entregó a una boca sedienta de animales placeres.

MÓNICA SUÁRES MARCHESKY - Poeta, narradora, ensayista y dramaturga - nace en Salto - Uruguay el 27 de Abril de 1959, posteriormente se traslada a Montevideo donde radica actualmente. Se la ha tildado de “cerebral”, “burguesa”, “fractal”, “esquizoide” y “oscura”. Publica en antologías 2000/2001 LITER URUGUAY A.E.D.I (Asociación de Escritores del Interior) poesías y cuentos cortos. Colaboradora activa de revista cultural INTERNOS. Integrante de diversos grupos electrónicos. Ha publicado en el Portal brasileño del Grupo PALAVREIROS, en la página web de EDITORIAL LOS TILOS de Argentina, es integrante del Grupo Peruano NEÓN y del Grupo Uruguayo-Brasileño ABRACE. Ha recibido numerosos premios, entre los que cabe destacar: 1er premio ensayo / 1er premio cuento en el Concurso Literario Nacional Dr. Alberto Manini Ríos versión 2003. Obteniendo además menciones de honor y reconocimientos varios.