Carpetas FBI

CARPETA 1
1965. Cada vez que mami llega a la casa de la escuela secundaria en Río Piedras donde ha conseguido trabajo, la noto cansada, al borde del llanto. Es una de las tres maestras que han respaldado una huelga y marcha estudiantil en contra de la guerra de Vietnam. Ahora, sus colegas no le hablan. Escucha persistentes rumores de que “puede que sea una de esas, tú sabes . . . ¡independentista!”
Mi hermana es presidenta del Gobierno Estudiantil de la Facultad de Humanidades en Río Piedras, ese antro de elementos sociales indeseables. Su posición la hace una probable agente subversiva. Nuestros primos le han comenzado a sacar el cuerpo en los corredores. Un amigo cubano que nos visita frecuentemente es uno de los cabecillas del movimiento pro-Independencia. Sucede que vive en el mismo edifico que unos parientes nuestros.
Yo llevo mas de un año peleando al Servicio Selectivo. He pedido ser clasificado como objetor por conciencia, y me han llamado a entrevista. Me llevan a una larga habitación junto a otros chicos. Nos dan un cuestionario a llenar. Y allí, una pregunta: “¿Conoce usted o se ha asociado a personas o individuos que usted sepa que han conspirado contra el gobierno norteamericano? ”
Sucede que mi amada profesora de Historia de Puerto Rico, descendiente de una de las familias más patricias de la isla, es una aferrada nacionalista. El primer día de clase nos había preguntado por qué estábamos en su curso, aparte del hecho de ser un requisito. Le contesté que, habiéndome criado en Venezuela, quería saber si Puerto Rico tenía historia. Me respondió sonriente: “Dejame mostrarte. Y ahora soy su mas ferviente discípulo. He ido a su casa, donde me ha sentado en el mismo sillón que ocupara el augusto prócer, mientras leo en voz alta los incendiarios versos de “Alabanza a la Torre en Ciales.” He escrito una serie de sonetos históricos dedicados a ella. 
Por lo tanto, contesto “sí” a la pregunta.. Recogen los cuestionarios. A los pocos minutos llegan dos policías militares, ambos puertorriqueños, me esposan y me llevan a otro cuarto donde me sacan una fotografía y toman mis huellas digitales. Otro puertorriqueño me interroga por horas: “Admites ser independentista. Ahora bien, si Fidel Castro invadiera la isla para liberarla de los americanos, ¿te unirías a sus tropas?”
Entiendo la pregunta: “Claro que no. Todo el mundo sabe que Fidel Castro es una marioneta de los rusos. Quiero que mi país sea libre, no que cambie de dueño.” Me dejan ir, advirtiéndome que la cosa no termina ahí.

CARPETA 2
La compañía norteamericana para la que papi trabajaba de contable lo ha despe-dido. Agentes del FBI lo han entrevistado acerca de las actividades subversivas de sus hijos Nunca volverá a encontrar trabajo estable. Mami tiene los ojos enrojecidos permanentemente y ha comenzado a hablar de retirarse.. Una parienta que vive cerca le ha venido a contar que unos tipos extraños, mostrando placas, han estado por el vecindario haciendo preguntas acerca de la familia. También han estado merodeando en su escuela, Específicamente, quieren saber si hay reuniones sospechosas en nuestra casa, si se han observado individuos entrando y saliendo a todas horas, si hemos repartido literatura subversiva, y si nos han escuchado hacer comentarios de naturaleza política. Nuestros vecinos cruzan la calle cuando nos ven venir. Ahora sí que están seguros de que algo anda muy mal con esa familia cuyo patriarca ha plantado un borde de gandules en lugar de abetos. 
Unas vísperas de Año Nuevo, a eso de las dos de la tarde, una camioneta de la policía militar, con las sirenas a toda boca, se estaciona frente a la casa. Me han venido a buscar. Todos los vecinos corren a los balcones, los patios, las ventanas. Me sacan conspicuamente esposado, me tiran en la parte atrás de la camioneta para llevarme al edificio de la ROTC en el recinto de Río Piedras-a cinco minutos por auto de Floral Park, donde vivimos. Tengo que revisar la transcripción de la entrevista que me hicieran en el fuerte Brooke, y comprobar su veracidad con mi firma. Me regresan a casa en la camioneta, sirenas a toda boca. Me dejan ir, advirtiendo que la cosa no termina ahí.

CARPETA 3
He ido ya al fuerte Brooke para varias entrevistas. Siempre las mismas preguntas. Me he hecho amigo del policía militar que sirve de secretario al interrogador. Un chico americano, todo pelito rubio y ojazos azules, de mi edad. Me pregunta por qué siempre cargo con tantos libros. Le respondo que estudio para los comprensivos de mi maestría en inglés. Se le iluminan los ojos. Él también estudia literatura inglesa. De ahí en adelante nos enredamos en eruditas discusiones literarias cada vez que me aparezco.
En una de las entrevistas me quejo al interrogador de persistentes dolores en el vientre, dificultad al orinar, pido un examen médico. El doctor del ejército a cargo de examinarme declara que no tengo nada, que me estoy inventando los dolores para evitar el servicio militar. Voy a un médico privado, puertorriqueño, le explico que estoy peleando el servicio militar obligatorio, que necesito una 4-F, la clasificación para los que no pueden servir por razones médicas. Pero también él no encuentra nada malo, me informa que mis problemas urinarios se deben a que todavía soy virgen (¡si él supiera!) y que en ese caso Vietnam s lo mejor que me puede pasar.
Llega agosto. Los dolores se han hecho tan intensos que mis padres me llevan a un tercer médico. Un jueves nos llega una carta. Debo hospitalizarme al día siguiente. Se ha programado una exploratoria para el próximo martes. Se sospecha que tengo cáncer linfático a nivel del estómago. Papi comienza las llamadas para hacer arreglos, mami llora, mi hermana asegura que se trata de una equivocación. Yo sólo pienso en mi tesis por terminar. En la confusión reinante nadie se fija en otro sobre. Una carta del Servicio Selectivo, informando que han rechazado mi petición de diferimiento permanente por objeciones de conciencia. Debo reportarme para comenzar el servicio militar ese próximo martes o me declaran ausente sin permiso oficial, o sea, desertor.
CARPETA 4
Entro a cirugía a las siete de la mañana, y salgo a eso de las dos. Pero ya hace 4 horas que los doctores han determinado que no tengo el tan temido cáncer. Se lo notifican a la familia y los amigos, se forma un alborozo general.
Pero nadie sabe que una camioneta de la policía militar se ha aparecido en casa. No me he presentado al servicio y me vienen a arrestar por estar ausente sin permiso oficial. Nadie contesta la puerta y los policías militares interrogan a los vecinos. Se les informa que el muchacho ese que han venido a buscar está en el hospital. Parece ser que lo están operando de emergencia. Los policías no saben que hacer así que regresan al cuartel. Pero hay medios de trazar la pista del subversivo y el ejército nunca pierde un recluta. La camioneta de los policías militares llega al hospital cuando me llevan a la sala de recuperación. 
Los policías fuerzan su entrada al cuarto donde voy despertando de la anestesia. Una tienda hecha de sábanas cubre la herida de doce pulgadas. Todavía no siento ningún dolor, por lo tanto sonrío beatíficamente cuando percibo un borroso rostro familiar, escucho una voz conocida exclamando horrorizada: “!Jesús, chico, pero que te han hecho!” Mas el rostro desaparece abruptamente. Después me cuentan que los doctores han agarrado a los policías militares y los han arrojado al pasillo, donde mi madre y la enfermera en jefe esperan listas para sacarles los ojos, y los pacientes, amotinados, les lanzan insultos y bandejas de almuerzo. Mi amigo literario tartamudea de retirada: “ ¡Lo sentimos mucho! ¡Lo sentimos mucho! ¡Pero si sólo estábamos cumpliendo órdenes!”

CARPETA 5
Ha pasado un mes desde que salí del hospital. He recibido par de becas para continuar hacia el doctorado en Estados Unidos. Mis impenitentes profesores liberales me han otorgado la maestría aunque mi tesis está por revisar. Saben que la entregaré antes de partir. Y he recibido una carta del Servicio Selectivo pidiéndome que, tan pronto este en condiciones, me presente a entrevista para la disposición final de mi caso. 
El médico que me atiende es el mismo que, meses antes, ha puesto por escrito que soy elegible para el servicio militar. Pero esta vez llevo cartas de por lo menos cinco doctores que están dispuestos a jurar lo contrario. Parece ser que si hubiera sufrido el entrenamiento básico, los aneurismas que llevaba en el vientre hubieran reventado. Me hubiera desangrado sin que nadie se diera cuenta hasta que fuera demasiado tarde.
Noto que mi amigo literario ya no está en el escritorio. Pregunto, y me informan que ha sido enviado al frente.. El buen doctor no parece muy feliz de volverme a ver. Con voz ronca me ordena que me quite la ropa. Nunca antes he sentido tanto placer al desnudarme frente a un hombre. Estudia la cicatriz todavía fresca que se extiende desde mi ultima costilla izquierda hasta la ingle, y ladra: “¡Ahora si que parece que te has ganado la maldita 4-F!” Le doy las gracias cortésmente, me visto, me voy a casa. Al mes salgo para Binghamton, Nueva York. He aprendido una lección amarga: no se puede ser independentista en Puerto Rico. En cinco años, toda la familia se une a la diáspora puertorriqueña.

ALFREDO VILLANUEVA COLLADO (Santurce, P.R., 1944). Poeta y crítico literario. Ph.D. en Literatura Comparada (1974). Profesor jubilado de lengua y literatura inglesa para la Universidad Municipal de Nueva York (CUNY). Autor de más de 30 artículos sobre Modernismo, género, y la construcción del sujeto masculino, y nueve poemarios, entre los que se encuentran Las transformaciones del vidrio (México: Editorial Oasis, 1985); Grimorio (Barcelona: Juan Luis Pla Benito, ed.,1988); En el imperio de la papa frita, (Santo Domingo: Editorial Colmena, l989); La guerrilla fantasma. (Nueva York: Editorial Moria, l989); La voz de la mujer que llevo dentro. (Nueva York: Editorial Arcas, l990); Pato salvaje. Nueva York: Editorial Arcas, 1991; Entre la inocencia y la manzana. Antología cronológica. (San Juan de Puerto Rico: Editorial de la Universidad de Puerto Rico,1996); La voz de su dueño (Nueva York: Latino Press, 1999); Textos (plaquette/plaqueta). New York: Editorial Campana, 2000. Ha sido antologado en Where Angels Tread at Dawn (Lippincott, 1990) , Papiros de Babel (UPR, 1991), Cuentos hispánicos de los Estados Unidos (Arte Publico Press, 1993),) PoeSida (Ollantay, 1995) y Nochebuena: Hispanic American Christmas Stories ( Oxford, 2000).