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Pishtako: Confesiones de un poeta ebrio o vivo
Salomón Valderrama Cruz
I
Todavía, ahora, después de haber
asesinado a la persona que más me importaba en la
vida, la consiente vida, me pregunto si realmente
merezco alguna condena humana. Y no sólo ahora sino
que cada día en mi frágil, perdida o poética vida me
he interrogado si es posible ser algún elegido para
ser asesinado o asesino. La culpa valle-eje-ana la
tendrá como siempre Dios, el otro dios, el Diablo o
no sé. Ya no sé pensar la cosa extraña que me ata o
segrega del cúmulo acopiado en las prisiones del
mundo. Cómo ser culpable de algo que se ejecuta pero
que no se siente ni positivo ni negativo, sino que
siempre hace la sumatoria de un hecho tangencial o
aislado al Todo. Mejor ya no pienso en esto y hago
la parábola o paradoja de ser como simple matemática
que aún no se entiende o descifra. Así entre rectas
que se cruzan en algún lapso o consigna distante del
tiempo, en lo que asumía Leonardo da Vinci, el nuevo
escenario que se convierte en realidad y guerra.
Idea que se negocia y arma, que se regala y llena,
que se entiende y mata. Me anudo o me anulo: un
cuerpo podrido y así estoy. El tiempo se me acaba.
Será, siempre, lo que alguien más piense, de mí.
II
Por placer. Sentirse culpable, a
pesar del placer, para qué, si yo la amaba y ella,
se supone, me amaba. Se llamaba Ana y está muerta.
Tan joven. La maté, la violé también por su ano. Se
llamaba Anacleta y yace esperándome, bailando,
desquiciada, por la tétrica lluvia, como un dulce
abrazo de mastaba, mi amable nativa. También se
llamó Diana y luego Vanessa, a las dos o las dos me
violaron una noche de olvido, la idea, sexos por
sexos, latidos. Y aun así se me está acercando una
no tan virgen María, que es bella pluma que baila,
ahora, se llama, la amo, Victoria. Por mi único
hijo, mi doble, el perdido, el robado. Herido. Así
ha sido mi vida de santo, propio, que jamás recibe
dinero. Entendiendo que el amor es la manera de
explicar la invasión salvaje a otro cuerpo. Volando,
maquinando cómo dejar la señal de mi paso brutal. He
copulado con muchos y muchas y donde no he sufrido
es donde no he aprendido. Abandoné la libertad, las
universidades, de hacer terrorismo en mi piedra y en
lugar de eso he acabado mendigando en las calles,
donde unos amigos me prestan sus, báratros, fardos:
digo pintando, las cosas que creo sentir, no pienso
ni río, sólo es la pordiosera manera de ser libre.
Juego y camino sin pensar en mañana. Mi muerte será
hoy. Mi vida es una cosa que a mis amigos deprime,
asusta, conmueve y libera.
III
He tenido dos, extraños, frutos. Los
extraño. Lo único que extraño en las calles de Lima.
El primero fue muerto, y sé, fue el precio que tenía
que pagar por pensar; fue con mi primer amor: el que
me desarticuló la timidez. El segundo está vivo y es
hermoso como su madre que lo cuida de mí. No
compartimos el mismo suelo o país, pero estoy seguro
que ella aún me ama como yo a ella: recién hoy lo
entendí. Qué hacer en este mundo maldito donde todo
recurso, en concreto o idea, está comprado.
Inevitablemente está más cerca el suicidio. Ya no sé
qué hacer. Mi mamá me ha dicho que mi hijo vive en
Europa y que se parece a mí. Pero es este estado de
ser como una idea donde todo es irreal, como el
sustento pragmático del arte abstracto o
condicional: el estado anímico, lo determinarán.
Parece que he pintado con sangre los pocos cuadros
que todavía no entienden los niños que hay dentro de
mí. Y así pienso que jamás debo morir hasta no haber
digerido alguna idea desaforada de alcohol, polvo,
humo y de mí.
IV
Sólo me enamoré una vez hasta hoy;
amor que nos destruyó. No sabía nada de la vida, el
sufrimiento y el sexo, pero es un hecho adverso,
entre libros y huesos, que en las mesas de Anatomía
Humana: fornicamos los dos. En esos años quería ser
un dócil doctor en medicina. No sé si estoy sano o
es que hay un fuego absoluto en mí. Pobre búsqueda,
poesía que soy o no soy, heterónimos: sinfonía de mí.
Es que jamás aceptaré lo que dice George Steiner,
entre las discotecas y lo maniaco de las modernas
bibliotecas: El arte va, viaja, a donde
hay dinero. Tiempo que se usa y gasta en el
arte, es el tiempo que se gasta, se cobra, con la
vida.
V
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