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Vinnie XT
Tres días antes de su fallecimiento anticipado, el Científico Loco terminó de ajustar los últimos pernos, aceitar las coyunturas de las extremidades y de instalar la portentosa batería que haría funcionar al oso parlante por ciento cincuenta años. Era vital para él que su hija robótica no se criara a la cuenta de Dios ni pasara los días de su vida desamparada, por esa razón concibió al oso con el más complicado cerebro electrónico que su mente pudo idear -inclusive, bastante más avanzado que el de la propia Alina- y con una felpa suave y abrigadora. Su nombre era Vinnie XT.
Tal y como el Científico Loco lo había previsto, Vinnie XT y Alina se hicieron amigos en muy corto tiempo, y cuando le llegó el momento de despedirse de su laboratorio subterráneo para más no volver, ya era un hecho que solamente una catástrofe sería capaz de desarraigarlos. Alina y Vinnie XT no sólo se convirtieron en compañeros inseparables sino también en confidentes empedernidos. Todas las noches Vinnie XT le comentaba a Alina que le hubiera gustado ser androide como ella y no un oso de felpa, mientras que Alina revelaba cuánto extrañaba la sonrisa de su padre. Después de sus confesiones nocturnas, ambos se limpiaban las lágrimas mutuamente y dormían entrelazados sobre la futurista cama antipesadillas que perteneciera al Científico Loco.
Una mañana, sin embargo, Vinnie XT se levantó y no encontró a Alina en la alcoba. Luego de gritar su nombre y buscarla infructuosamente por todos los rincones del laboratorio, la halló sentada y sin aliento en el columpio automatizado que el Científico Loco jamás concluyó para ella. Un cable de alto voltaje descubierto había fundido sus circuitos integrados y chamuscado sus manitos de goma. Vinnie XT maldijo la suerte de Alina, y sin contener sus impulsos arrasó con todo lo que encontró de pie, incluyendo la computadora maestra. El vandalismo no cesó hasta que uno de sus brazos mecánicos se destornilló de repente y cayó al piso como si se tratara de una protesta de tuercas hastiadas.
Por mucho tiempo Vinnie XT vivió amargado. Su felpa, antes tersa y cepillada, se había convertido en un asqueroso paño grasiento. Tampoco se quiso reacomodar el brazo mecánico que perdió durante su arrebato, más bien, permanecía arrimado a los despojos de Alina y babeaba gotas de tristeza sin cansarse. Su dejadez se prolongó sin limitaciones, y si no hubiera sido por aquella portentosa batería, Vinnie XT sin duda hubiera muerto.
La muerte, no obstante, no le quitaba el sueño; era el estado ruinoso del laboratorio el que se había convertido en su cruz. Aunque no lo había pensado en un primer momento, Vinnie XT sabía que contaba con los conocimientos precisos para reconstruir a Alina, por eso el Científico Loco lo había dotado de ese maravilloso cerebro electrónico. Lamentablemente, su arranque de ira se había encargado de pulverizar el lugar y la mayor parte de los repuestos. Era un absurdo pensar que Alina pudiese recobrar la vida. Para que ella volviera a sonreír era imprescindible hallar una nueva fuente de poder y una unidad central de proceso, semejantes a las que él guardaba en su interior.
Vinnie XT comprendió, entonces, que debía sacrificar sus partes por Alina. Hizo una serie de cálculos. Dedujo que no le resultaría complicado activar su batería de emergencias y hacer el cambio de componentes antes de extinguirse. A decir verdad, estuvo a punto de llevar su plan a buen término en un par de ocasiones, pero en última instancia siempre se detenía. En el momento culminante, Vinnie XT no cesaba de recordar que el Científico Loco lo había inventado para acompañar a su hija artificial y abrazarla por las noches. ¿Con qué autoridad podría revivirla? Si él hacía el cambio, Alina hubiera morado sola en el laboratorio al menos por tres o cuatro décadas, pues su batería aún conservaba suficiente energía. Era demasiado tiempo para un androide de goma. Pero también demasiado para un oso de felpa parlante. Por eso no le quedó más remedio… Cuidadosamente se reajustó el brazo, alisó su felpa frente a un espejo. Cuando lo creyó justo, Vinnie XT procedió a arrancarse la fuente de poder y a esperar que las reservas se agotaran, a la par que posaba sus ojos sintéticos en el cuerpo inerte de la niña.
SALVADOR LUIS (Salvador Luis Raggio Miranda) nació en la ciudad de Lima, Perú, en 1978. Cursó estudios de dirección de cine y español por la Universidad de Miami. En 1996 obtuvo el primer premio en la categoría de cuento gracias a su obra El Bodrio en los Primeros Juegos Florales de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Ha sido editor de Miambiance- Magazine of Humanities- y es director y fundador de las revistas de literatura LOS NOVELES (www.losnoveles.net) y Revista Kitsch (www.revistakitsch.net). También es autor de los libros de cuentos y relatos Eslabones, La circunferencia, Miscelánea o el libro geminiano y Antologado y acabado.
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