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Tras los cristales
Suenan diez campanadas en un reloj de péndulo. Luego, silencio.
Son la diez de la mañana de un lluvioso invierno. Fuera todo es
gris. Los coches, la gente, el asfalto… Hasta el aire es gris.
Hoy no salió el sol. La delicada voz de una mujer va desgranando
sus tristes palabras…
Estoy aquí dentro, un día más, tras los cristales empañados con
el vaho de otra mañana de invierno. Las lámparas de aquí dentro y
las de ahí fuera continúan encendidas. Ha sido una larga noche…
una noche interminable en la que el enorme mastín ha permanecido
inmóvil, olisqueando las sombras, dispuesto al ataque, a la
defensa de este territorio del que él, pobre iluso, se cree el
guardián. El teléfono de mármol verde no ha sonado en toda la
noche y el cenicero reposa sin una sola colilla. Todo es silencio
en mi invernal morada.
Contemplo por enésima vez la bandeja de plata con sus copas
cristalinas, esperando una caricia de los comensales que aún no
llegaron. Tal vez hoy nos visite alguien. Quizás hoy alguien nos
mire tras los cristales. A mí me haría tan feliz.
Los bailarines han detenido su pirueta, los gallos han renunciado
a su cruenta pelea, Cervantes ha dejado de escribir su Quijote…
¿Qué ocurre? ¿Qué estruendo es éste?... ¡Ah, claro! Es el cierre
levantándose, al fin, una mañana más… y el dependiente penetrando
en el callado recinto…
¡Shhhh! Silencio, silencio… La advertencia corre como un reguero
de pólvora de una esquina a otra de la tienda, rebota en los
espejos, resbala en los estantes, se desliza por cada rincón… El
toro de bronce detiene su bufido, el Niño Jesús su llanto, la
japonesa la dulce melodía de su flauta, los caballos palaciegos
el trotar de su carroza, la fuente donde las niñas llenan sus
cántaros, el gotear de su caño… Silencio… silencio… Que no sepan
que estamos, que somos… que no sepan que sabemos…
Ahora sólo hay que esperar. No darse por vencidos. No abandonarse
a la renuncia, al fracaso… Tal vez hoy… a lo mejor, por fin, esta
mañana…
¿Serán ellos?... ¡Sí! Ahí están… Un hombre y una mujer embutidos
en sus gabardinas se acercan al escaparate… ¡se detienen frente a
los cristales!... ¡Me miran!... El corazón va a salírseme del
pecho. Mi corazón de porcelana late con frenesí bajo el pectoral
dorado. Mis ojos en sus ojos…
Me gustaría tener lágrimas para derramarlas de gozo cuando el
dependiente se acerca… cuando me coge cuidadosamente de la
estantería… cuando me acerca hasta ellos… cuando ellos me toman
en sus manos… cuando me miran… cuando sus ojos dicen sí y sus
labios repiten ¡Sí!... ¡Sí, nos la quedamos, es preciosa!...
cuando me envuelven en papel celofán… Me gustaría tener lágrimas
de agradecimiento con las que humedecer este suave abrigo de
seda…
Pero sólo soy una pequeña porcelana… apenas un busto… tan sólo un
pectoral dorado bajo mi sonrisa egipcia… No tengo piernas para
danzar de alegría, ni brazos para abrazar a mis nuevos dueños, ni
lágrimas…
Mi pequeño corazón de porcelana late con fuerza… mi corazón que
ha palpitado junto a la esfinge, a la sombra de la gran pirámide…
Es un ejemplar único- Dice el dependiente, contando los billetes
de mi rescate.
Lo sé- Contesta la mujer. Sus ojos en mis ojos…
Y en ese precioso instante el sol sale de nuevo. Un día más, los
pedazos de mi esposo Osiris han sido recompuestos. El sol se alza
nuevamente sobre mi cabeza, iluminando el mundo…
Y yo, Isis, vuelvo a la vida.
ANTONIA BUENO realiza estudios y participa en proyectos
teatrales desde hace 30 años. En 1979 crea Teatro Guirigai,
codirigiendo durante casi 20 años la gestión artística de la
compañía en 17 espectáculos presentados en los circuitos
españoles y festivales internacionales. Como actriz ha
participado en todos sus espectáculos, recibiendo elogiosas
críticas. Como dramaturga es autora de textos, guiones de
espectáculos de calle, traducciones y versiones de teatro
musical, como El Conde de Montecristo. Como directora, ha puesto
en escena diversos montajes, entre ellos La Parranda, de Eduardo
Blanco-Amor, presentado con éxito en Rusia, Brasil y Estados
Unidos. En el 2000 crea su propia compañía, con la que produce y
dirige el texto de su autoría Sancha, reina de la Hispania,
Premio Especial del Jurado en el IV Certamen Nacional de
Directoras de Escena 2001, y 1ª parte de Trilogía de mujeres
medievales, publicado por la Revista ADE. Estrenó con su
dirección en el Festival de Otoño 2002 el texto que constituye la
2ª parte, Zahara, favorita de Al-Andalus, escrita con una Beca de
la Comunidad de Madrid 2001, y publicada por la Comunidad de
Madrid. En 2004 dirigió Jornada de reflexión. Métele caña,
España, texto de Fernando Bellón, estrenado en Madrid. Acaba de
escribir Raquel, hija de Sefarad, tercera parte de Trilogía de
mujeres medievales, por la que ha obtenido por segunda vez una
Beca de la Comunidad de Madrid 2004, que será publicada por la
Comunidad de Madrid este año 2005. Está escribiendo un texto
sobre Sarah Bernhardt, papel que posteriormente interpretará.
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