Jesús

Cuando bajaron a Cristo de la cruz, dijo:

---¡Llevadme a Jesusalén!...
---Pero debemos llevarte a tu tumba.
---Dile a la muerte que espere por mí.

Dicho esto se puso su túnica y se calzó sus sandalias de cuero. Sin oír la voz de los que lo lavaban, Jesús tomó el camino del Olvido hacia la ciudad maldita. Con la cabeza extraviada y sin darse cuenta que la carne se le caía, contempló las figuras del infierno que se reían de sus pellejos. Algunos orinaban sangre mientras gritaban:

---¿Jesús, todavía andas errante?
---...
---¿No eras tú el hijo de Dios?
---...
---¿No estabas con El antes de que el mundo fuera?
---...
---¿Por qué nos atormentas antes de tiempo?

Jesús bajó los ojos y sintió vergüenza. Los demonios comenzaron a abuchearlo. Se tocó la frente y soñó que tenía fiebre. Debía de ser viernes, porque el viento soplaba del norte y estaba nublado. Los gallos anunciaban la presencia del extraño. Caminaba oscuro y no tenía miedo a su destino. Sólo deseaba corregir la equivocación. Sudando en una primavera insoportable deseaba corregir las exageraciones de ese hombre de la isla de Patmos. Los visionarios siempre habían sido inconsolables. Llegó a la ciudad y preguntó por Pilato. Los hombres lo miraron irónicamente, sin memoria, y las mujeres lo miraron eróticas y nostálgicas. Pero el Hijo del Hombre, ungido de polvo, era indomable. Hábil, díscolo, provocador profesional, oscuro, mostró las monedas de oro a los codiciosos. El corazón de los asesinos se estremeció. Entonces uno de ellos dijo:

---Pilato está en la tercera casa de la séptima calle.
---¿Está allí el palacio?
---No--dijo el impío--es la casa de María Magdalena.

Jesús se estremeció ante el nombre de la amada. ¿No se parecía Pilato al David del Antiguo Testamento? Dejando caer, las monedas sobre la mano del hombre, tomó el camino de Salomón y sintió que su espalda se curvaba. Le dolían las manos, como si hubiera recogido agua y le dolía el costado en donde el discípulo metería los dedos. Tocó a la puerta de Magdalena y apareció Pilato. Este lo contempló rasgándose los ojos:

---¡Jesús, ¿todavía no te has muerto?
---¡Soy inocente!
---...
---Una mujer no valía mi muerte.
---¡No te detengas, Jesús, ve y alcánzate!

Pilato cerró la puerta. Jesús oyó cuando gritaba. Buscó el atajo que conducía a las veredas del Gólgota y antes de que anocheciera, Jesús estaba sobre sus propias huellas. Cuando llegó a su muerte ésta estaba cerrada. Jesús se sentó en una de las rocas y contempló a la mujer del seno roto. La noche fue rápida; un susto. Cuando despertó de estar despierto la mujer lo miraba todavía. Oyó el silencio y detrás de él llegaban los hombres. Los que murmuraban llegaron y sin mirar a la mujer, sin verla, sin olerla, movieron la roca del sepulcro. Jesús entró con ellos y contempló el sudario. No había nadie en el sueño de la muerte. Los hombres se miraron unos a otros y se besaron. Estaban felices. Cuando salieron de la tumba sin reconocerlo, confundiéndolo con uno de ellos, los hombres gritaban y corrían. La mujer, llamada Uriel, murmuró su nombre.

Jesús llamó a la puerta. Pilato lo contempló de nuevo:

---¡Soy inocente!--dijo.

IVÁN SILÉN, (puertorriqueño, 1944) es, hoy por hoy, uno de los poetas latinoamericanos más importantes y, por ésto mismo, más censurado y perseguido. Maestro sin escuela, Silén se desplaza no sólo hacia la filosofía en donde ya es problemático y "antinietzscheano", sino hacia la pintura misma en donde sus cuadros neofigurativos (esa mezcla de Cristo desnudo y mujeres "pornográficas") han comenzado a sacudir la seudoconciencia burguesa de la posmodernidad y han empezado a abrirle una nueva brecha al "silenismo". Esta ansia del renacimiento-neobarroco-de-la-libertad, o del "yo"-roto, esa furia del alma, como él la llama, lo ha lanzado a profundizar, o a "bregar", con esa prosa lírica que no termina por abrirle esa posibilidad latinoamericana que él encarna para todos nosotros.
Iván Silén, ha publicado los siguientes poemarios Los poemas de Filí-Melé (!976, 1981), El miedo del Pantócrata (1981) y La poesía como libertá (1992) con el que optuvo el premio Pen Club de Poesía de 1993. También ha publicado los ensayos El llanto de las ninfómanas (1981), Nietzsche o la dama de las ratas (1984), La rebelión (1995) y Los ciudadanos de la Morgue (1997).
Actualmente ha terminado una antología de pensadores latinoamericanos y españoles que se titula: Nietzsche o el ocaso de los lirios (inédita). Obsesionado por la posiblidad que la prosa le ofrece, también ha publicado las siguientes novelas de lo-Cristo: La biografía (1984), La casa de Ulimar (1988), Las muñecas de la calle del Cristo (1989) y su libro de cuentos Los narcisos negros (1997).
Silén ha publicado además dos antología de poesía. La primera con Alfredo Matilla titulada Los poetas puertorriqueños--The Puerto Rican Poets-- (1972); y Los paraguas amarillos--los poetas latinos en Nueva York-- (1983).
En estos momentos acaba de terminar su libro de poesía neomística titulado Tu té de mirra y una novela corta, lírica y violenta, titulada La muerte de mamá, con prólogos de los profesores Elizam Escobar, Francisco José Ramos, Félix Córdova Iturregui y Carlos Resto Solo. Ha finalizado también su tesis doctoral sobre Matos Paoli titulada Francisco Matos Paoli o l'angustia de Dios y ¿Por qué filosofamos?, un libro de ensayos filosóficos.